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¿Cuáles son las mentiras que te mantienen atrapado en tu zona de confort?

“Imposible es todo aquello que no se intenta”.
Nelson Mandela


1. “No tengo por qué hacerlo”


Es cierto, no hay nadie que te empuje fuera de tu zona de confort, no es obligatorio que salgas, pero si te quedas dentro, no crecerás. Recuerda que no creces simplemente porque pasen los años, sino por los retos que enfrentas.

Cuando piensas en un proyecto que representa un gran desafío y de repente tu voz interior te dice que no tienes
por qué hacerlo, en realidad lo que estás expresando es una resistencia al cambio, porque una parte de ti desea que te mantengas dentro de los límites de lo conocido. Sin embargo, cuando vuelvas a pensar que no tienes motivos para emprender algo nuevo, recuerda que el simple hecho de crecer y descubrir, son razones más que suficientes.


2. “No es el momento adecuado”


En muy pocas ocasiones se dan las condiciones perfectas para emprender algo, pero ir en pos de un sueño significa luchar contra viento y marea, creando las condiciones a lo largo del camino.

Cuando te dices a ti mismo que no es el momento adecuado, está hablandoel miedo, probablemente un intenso miedo al fracaso que te inocularon desde la infancia. Por supuesto, no se trata de lanzarse a la aventura sin valorar los pros y los contras pero si queremos lograr realmente algo en la vida, debemos ser conscientes de que no podemos quedarnos parados, necesitamos ir dando pequeños pasos. Y mientras antes comencemos a andar, mejor.



3. “Comenzaré cuando…”


Se trata de una de las excusas más comunes para quedarnos a salvo en nuestra zona de confort. En práctica, es el autoengaño perfecto porque no estamos renunciando al sueño o el proyecto que tenemos en mente, sino tan solo aplazándolo, hasta que se produzca determinada situación.

El problema es que esta excusa nos lleva directamente a laprocrastinación, por lo que es probable que cuando la condición que demandamos se cumpla, pongamos otra, y luego otra más. De esta forma logramos mantener viva la esperanza pero, a la vez, no tenemos que esforzarnos para hacer ese sueño realidad. Por eso, aunque no estén todas las condiciones creadas, simplemente ve dando pequeños pasos, no esperes demasiado porque la vida es muy corta.


4. “No es para mí”


Básicamente, detrás de esta frase se esconde la idea de que no somos lo suficientemente buenos o capaces. Se trata de la excusa perfecta para laspersonas inseguras y que tienen una baja autoestima.

También es una excusa que utilizan las personas que tienen miedo del mundo y se cierran a las nuevas experiencias. En todo caso, no podrás saber si una cosa realmente te gusta o no hasta que no la pruebes. De hecho, es probable que en más de una ocasión hayas pensado que algo no estaba hecho para ti pero después de probarlo, has llegado a amarlo o incluso te has aficionado. Por tanto, no te cierres nunca a las nuevas experiencias ni te limites como persona. Es lo peor que podrías hacer.


5. “No sé cómo hacerlo”


Las cosas nuevas pueden atemorizar, por eso una de las excusas que inventamos para permanecer en nuestra zona de confort consiste en decirnos que no sabemos cómo enfrentar el reto. Podemos pensar que no tenemos las habilidades necesarias o que nunca las podremos desarrollar. Sin embargo, recuerda que cuando tienes un "qué", los "cómos" llegan solos.

Es cierto que para emprender determinados proyectos se requiere una preparación pero eso no implica que no puedas hacerlo, tan solo significa que te llevará más tiempo o que necesitarás a una persona que te ayude. Ninguna destreza surge de la nada, todas esconden en su base mucha pasión y esfuerzo.


Factores que pueden hundir la motivación de los empleados


"No es lo que tu tienes, sino como usas lo que tienes lo que marca la diferencia."
Zig Ziglar

El coste de la desmotivación puede llegar a ser muy alto para una empresa. Se trata de un síntoma que genera malestar en los trabajadores y, si es un mal que sufren muchos empleados, puede acabar hundiendo el clima laboral. Existen múltiples factores que pueden generar desmotivación a los trabajadores, lo que redunda en pérdidas de productividad, absentismo, rotación, mayores errores al realizar las tareas, fuga de talento, etc. Éstos son los algunos de ellos:

  • Desmotivación desde el primer minuto:. La motivación de un trabajador empieza desde el proceso de selección. Una de las principales causas que genera insatisfacción es ver que las funciones del puesto no se corresponden con lo que se explicó al candidato durante el proceso de selección o que el plan de carrera o de formación del que se le habló no existe.
  • Falta de significado. No saber para qué se realiza el trabajo y llegar a tener la idea de que da igual que haga mucho o poco, bien o mal, porque su trabajo no sirve para nada o su impacto es trivial.
  • Aplicar la política del “café para todos”. Si la empresa aplica el mismo aumento salarial a todos los empleados o concede los mismos beneficios sociales o mejoras indiscriminadamente, los empleados verdaderamente más productivos, con más talento o que más aportan acaban sintiendo que hagan lo que hagan, el resultado va a ser el mismo que el de los que trabajan menos, faltan más a su puesto de trabajo, son menos profesionales… Y esto se aplica independientemente del puesto o perfil del empleado.
  • Incumplir las promesas laborales. Si su empresa promete un ascenso, un aumento de sueldo o mayores beneficios sociales, debe cumplir con su promesa. Y si no lo hace, deberá poder justificar adecuadamente las causas y explicar al trabajador la razón de no poder darle lo prometido.
  • Falta de reconocimiento. Todos los trabajadores, independientemente del puesto que ocupen o de su perfil profesional, necesitan que se les reconozcan sus logros y que su contribución a la empresa es valorada. No se trata de estar alabando continuamente su labor ni tampoco es necesario que la recompensa sea monetaria, pero sí de transmitirles de vez en cuanto que la empresa es un equipo y que, como miembro de ese equipo, su aportación es muy importante (compensación o retribución emocional).
  • Siempre hay “peros”. Un fallo muy frecuente que cometen muchas empresas es mantener reuniones con los empleados únicamente cuando un trabajo no se ha realizado como se esperaba o cuando surge algún problema (es decir, siempre por algo negativo) y no reconocer nunca los logros de los trabajadores. Sucede lo mismo cuando, aunque se reconozca puntualmente la labor del empleado, se termina la conversación con un “pero”, es decir, se reconoce su trabajo pero se insiste en aquello que no ha hecho bien o que debería mejorar. Esto acaba generando frustración en el empleado.
  • Mandos intermedios o superiores autoritarios o despóticos. En ocasiones, el problema no está en el estilo de dirección de recursos humanos de la empresa, sino en cómo interpretan o aplican ese estilo los mandos intermedios o superiores. Por eso, es muy importante que su empresa preste especial atención a posibles departamentos o puestos donde se detecte un mayor índice de rotación, bajada de la productividad o productividad insuficiente. Para ello, las encuestas de clima laboral y las entrevistas de salida con los empleados que dejan la empresa son dos armas de información muy valiosas que puede utilizar.
  • Falta de comunicación o comunicación inadecuada. Los empleados no tienen por qué intuir qué es lo que se espera de ellos en cada momento. Es importante que tengan claras cuáles son sus funciones y tareas, cuál es su parcela de autonomía (si la tienen), a quién pueden recurrir si tienen cualquier problema, a quién tienen que reportar (es decir, dar cuentas de su trabajo)… Por eso, es aconsejable establecer un feedback con los empleados, explicarles qué se espera de ellos, justificarles adecuadamente los cambios en sus funciones o tareas, recordarles cuál es su papel dentro de la empresa y qué se espera de ellos, etc.


Ese gran monstruo llamado miedo.

"El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo."
Alain

Muchas personas antes que yo han dicho que el miedo es algo importante en nuestra vida. Sin duda, el miedo es una de las herramientas más usadas para garantizar la seguridad de los niños, cuando les enseñamos, a través de él, que no se debe jugar con cuchillos, tijeras y fuego, pero también es útil para nosotros, los adultos, para no poner en peligro nuestra vida o para no correr riesgos innecesarios.

Por extraño que parezca, y desde mi punto de vista,  el miedo es algo positivo. No estoy hablando del pánico o la fobia, claro, porque tanto lo uno como lo otro son muy intensos y generalmente necesitan tratamiento. Hablo más bien del miedo que todos sentimos, aquel que viene acompañado por un ligero estremecimiento. Este miedo tiene un lado positivo, porque nos hace crecer, cambiar y superarnos. El miedo no es más que un mecanismo de autoconservación, y una de las cosas que hace es ponernos alerta. Con miedo, somos más conscientes de nosotros, del entorno y del mundo. ¿Te has dado cuenta de que cuando temes algo le prestas más atención, para no hacer tonterías? Todo lo que hacemos con cierto recelo lo hacemos también con más cuidado. Para tomar alguna decisión que implique algún riesgo, por ejemplo, el miedo a equivocarnos hace que busquemos más información, que pidamos la opinión de alguien o simplemente que seamos más cuidadosos, y eso desde luego es algo muy positivo.

El miedo también provoca que las personas se muevan de vez en cuando. Si la vida fuera un remanso de paz, si nada nos amenazara ni amenazara nuestro puesto de trabajo, ¿estaríamos siempre evolucionando, siempre aprendiendo? Lo dudo. Porque con los tiempos que corren, es decir, la crisis, ha hecho que más de una persona sea más productiva en su trabajo por miedo a perder su puesto. ¿No es cierto? Otro punto positivo más para el miedo.

Hay que distinguir dos tipos de miedo: el legítimo y el transmitido.  Por un lado están los miedos legítimos, como el miedo a quedarse sin trabajo —y éste es el peor enemigo de la autoestima—, el miedo a padecer cáncer o el miedo a ser abandonado. Algunos incluso pueden acabar haciéndose realidad, porque acabamos creándolos, al final nuestros ojos ven lo que estamos buscando. Sea como sea, se sufre porque la persona siente el mismo miedo aunque no sea real. Por otro lado, está el miedo que ha  sido transmitido, como el miedo a lo desconocido, al fracaso, al ridículo, a lo que otros piensen de ti...Y suele ocurrir que estos miedos adquieren proporciones exageradas y nos apartan de las oportunidades reales, del éxito, al obligarnos a ser tímidos, inseguros, no asertivos. 

Del mismo modo que puede ser positivo, también puede ser negativo. Mina nuestras fuerzas, porque actúa en base a ellas; sofoca nuestros anhelos, nos paraliza; bloquea nuestra creatividad, haciendo que todo se vuelva gris, y, finalmente, compromete nuestra evolución natural. 

Al igual que yo, tú también fuiste educado para ser íntegro, responsable, competente y para tener éxito. Asumimos como propios los ideales de bienestar de la sociedad a la que pertenecemos y, de este modo, aprendemos a dar valor al reconocimiento económico y social por nuestros esfuerzos. Pero no debemos temer las críticas de los demás, ése es su problema, no debemos temer el fracaso, porque forma parte del juego; no debemos temer el cambio, lo desconocido, porque basta saber que cuando las cosas no suceden como queremos es porque sucederán mejor de lo que pensábamos.

Sólo podremos hacer frente al miedo cuando lo reconozcamos. Es fácil decirlo, ¿no? Lo difícil es ponerlo en práctica. Hacemos cualquier cosa para disfrazar nuestros miedos, para no tener que enfrentarnos a ellos, incluso negar que los sentimos. Son innumerables las situaciones en las que acabamos con las manos húmedas, con el estómago revuelto y el corazón descontrolado. Pero nos decimos a nosotros mismos que no es miedo, que sólo estamos un poco tensos, algo nerviosos. Es miedo. Todos sentimos miedo, pues se trata de una emoción tan natural y tan inherente al ser humano como cualquier otra.

Además del miedo a morir y a sufrir una enfermedad grave, ¿de qué tienes miedo? Admítelo, no te avergüences. Admítelo porque no lo vencerás mirando a otro lado. Debes mirar a tu interior, preguntarte sobre tus miedos y averiguar si son tuyos (legítimos) o proceden de otras personas (transmitidos).Y a continuación, enfréntate a ellos. 

También es importante que te preguntes si lo que sientes es miedo o falta de confianza, porque detrás de todo cambio y de todo miedo a lo desconocido se esconde aquella sensación de falta de fe en tus conocimientos, en tu poder personal o en tus habilidades. O puede que no reconozcas tus habilidades, y si no te enfrentas a los desafíos nunca las reconocerás. Si te permites enfrentarte a las situaciones que te provocan miedo estarás alimentando tu autoconfianza. Enfréntate a tus miedos uno a uno, primero a los más pequeños, después los mayores, y así aumentará tu confianza en ti.

¿Mala suerte? No, gracias.

"Sólo aquellos que nada esperan del azar, son dueños de su destino."
Matthew Arnold


¡Qué mala suerte!  ¿En cuántas ocasiones te has dicho esta frase  últimamente? ¿Después de esforzarte al máximo para alcanzar algún objetivo, algo sucede y no logras tener el éxito que buscabas? ¡Calma! Es algo que nos ha pasado a todos y que, muy probablemente, nos seguirá pasando. Sin embargo, este pensamiento, es decir, creer que existe la buena y la mala suerte nos hace asumir el papel de víctimas y, sin duda alguna, este rol no nos conducirá al éxito.

El éxito o fracaso que podamos o no tener, y de la actitud que tomemos con respecto a unos resultados concretos, se atribuye a lo que los psicólogos llamamos locus (o lugar) de control. 

Dicho término se emplea para indicar la forma en que comprendemos los eventos de la vida, achacándolos a nuestras propias acciones y decisiones o, al contrario, a factores externos a nuestra voluntad.

Existen dos tipos de locus de control: interno y externo. Dentro del  locus de control interno, se sitúan todas aquellas personas que están convencidas de que pueden dominar ciertos eventos de su vida, asumen la responsabilidad por sus éxitos y fracasos y normalmente son disciplinados, confían en sus capacidades y generalmente poseen una buena autoestima.

Por otro lado, dentro locus de control externo, tenemos a los tipos de personas que están convencidas de que los eventos de su vida, tanto los positivos como los negativos, se deben a factores que escapan de su voluntad, como la fortuna o el destino. Estas personas suelen tener una baja autoestima y una constante sensación de angustia.

De todo esto, podemos sacar la conclusión de que la mala suerte es solo una decisión, o más bien, un conjunto de decisiones que, de una forma u otra, nos han llevado hasta el punto en el que nos encontramos. Es cierto que existen desastres que no podemos prever pero, para ser del todo honestos, a lo largo de la vida las catástrofes ocurren muy rara vez.

De más está decir, que las personas que han logrado sus objetivos en la vida son aquellas que tienen un locus de control interno, que saben lo que quieren y que luchan por conseguirlo, siendo conscientes de que existirán obstáculos pero también de que podrán sortearlos y que estos servirán para hacerles más fuertes.

De hecho, un experimento muy curioso realizado en la Universidad de Hertfordshire demostró que las personas “afortunadas” son aquellas que tienen una actitud más constructiva, que están abiertas a las oportunidades y que siguen su intuición.

En el estudio se le propuso a un grupo de personas que contaran el número de fotografías que aparecía en un periódico. Curiosamente, las personas “afortunadas”, con un locus de control interno, terminaban la tarea en pocos segundos, mientras que aquellas que tenían un locus de control externo y creían en la mala suerte, tardaban más de 2 minutos. ¿Por qué?

Simplemente porque las primeras habían visto que en la segunda página del periódico había un gran anuncio que indicaba: "deje de contar, el periódico tiene 43 fotografías”.

En un segundo experimento se repitió la prueba, solo que en esta ocasión el anuncio decía: "deje de contar, diga al experimentador que ha visto este anuncio y ganará 250 dólares". Una vez más, solo unos pocos lo detectaron y siempre los que pertenecían al grupo que tenía un locus de control interno.

¿Por qué os cuento este experimento? Simplemente para que os deis cuenta de que la predisposición es un factor importante cuando se habla de la buena suerte, porque si estamos demasiado tensos y preocupados, las oportunidades pasarán de largo y no las veremos.

Si esto último te pasa muy a menudo, quizá te venga bien, alguno de los consejos que te facilito a continuación (y que a mi me han servido de mucho):


1. Controla tus pensamientos. No podemos esperar enfrentarnos con éxito al mundo si primero no somos capaces de controlar nuestros propios pensamientos. Si eres víctima de tu mente y esta vaga incesantemente produciendo ideas negativas y derrotistas, no podrás llegar muy lejos. Recuerda que los pensamientos son pequeñas semillas en el jardín de la mente. Si plantas buenas semillas estas crecerán pero si no cuidas el jardín, las malas hierbas lo invadirán. Por tanto, cada vez que te sorprendas pensando en términos de buena y mala suerte, desecha estas ideas y pon otras más positivas en su lugar que te hagan sentir que tienes el control.

2. Asume tus responsabilidades. Por doquier vemos a grandes personajes públicos que intentan evadir sus responsabilidades por lo que podría parecer que escapar y negar nuestra implicación es la decisión más inteligente y acertada. Sin embargo, asumir el control de nuestra vida también implica hacernos responsables de las consecuencias de nuestros actos y decisiones. No se trata de buscar un culpable sino de saber dónde nos hemos equivocado y determinar qué hemos hecho bien. Solo así podemos avanzar porque nos sentimos más poderosos, sentimos que nosotros podemos cambiar lo que no nos gusta para vivir de manera más plena.
3. Sé persistente. La "mala suerte" solo es haber abandonado demasiado pronto. El éxito a menudo llega después de muchos fracasos. Hay épocas en que todo sale mal, es como si el "universo hubiese urdido un plan en nuestra contra". En esos momentos, respira profundamente y sigue adelante. Recuerda que la perseverancia es la clave para lograr las metas más importantes y, tarde o temprano, esta dará sus frutos. 




¿Tener un iPhone nos hace felices?


"Sólo se posee aquello de lo cual uno puede desprenderse; de lo contrario no se es poseedor, sino poseído."
Anónimo


El "fenómeno Apple"  no es un secreto para nadie. Con la llegada del nuevo iPhone 6, vemos como miles de personas se  han lanzado a sus tiendas para adquirir este nuevo producto. En España, el estreno comercial fue el pasado viernes y se pudo observar como en varias horas, o incluso minutos, la famosa cadena, ya había batido récords de venta y de reservas presenciales o vía web. 

Por eso no es extraño que muchos psicólogos nos hayamos interesado en los clientes habituales de Apple y nos hayamos preguntado si, por ejemplo, tener un iPhone nos hace realmente felices.

Desde hace años las campañas publicitarias que ha realizado Apple para lanzar sus productos al mercado, han hecho que se conviertan en auténticos objetos de deseo. Además han logrado que sus objetos representen un determinado estatus social e  indiquen que su propietario está totalmente a la moda. Yo misma he podido observar como muchos y muchas propietarias de iPhone, iPad o iPod afirman que sienten una conexión especial con otras personas que poseen los mismos productos.

Un interesante estudio de la Universidad de Swansea (Reino Unido), reclutó a 241 personas con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. Su objetivo: evaluar la satisfacción que sentían respecto a sus reproductores de música. 

Curiosamente el 70% de los participantes tenía un iPod y el resto tenía reproductores de otras marcas. A cada uno de ellos se les preguntó, entre otras cosas, cuánto les gustaba el diseño de su reproductor de música, si juzgaban a las otras personas por los reproductores que llevaban, si sentían un vínculo con personas que usaban su misma marca de reproductor y si se sentían a la moda con su reproductor. Obviamente, también se evaluó el nivel de satisfacción para con la vida que llevaban.

Los resultados mostraron una tendencia muy interesante. Entre las personas que poseían un reproductor de una marca diferente a Apple, el nivel de satisfacción con la vida no estaba relacionado con la marca. Sin embargo, entre quienes poseían un iPod, el nivel de satisfacción si guardaba relación con la marca.

Obviamente, este estudio posee numerosos errores metodológicos ya que existieron diferentes variables que no fueron controladas. Además, no responde del todo a la pregunta que os he planteado al inicio: ¿puede un iPod/iPhone/iPad hacernos felices?

Alguien que nos puede acercar un poco a la respuesta es Ruseel Belk, que en la década de los ’80  propuso la teoría del consumo cultural,  según la cual consideramos algunas de nuestras posesiones como una extensión de nosotros mismos. Si a esto le sumamos que para muchas personas jóvenes el tener un smartphone desempeña un papel importante ya que es una expresión de su identidad, podremos comprender por qué tener un iPhone se relaciona con su nivel de felicidad. Es decir, que  todas las posesiones y la apariencia de un individuo reflejan su personalidad.  

Por otro lado, Alfred Adler defendió la importancia que tienen las relaciones sociales para un individuo y su estilo de vida, y estableció como un objetivo primordial del individuo el querer superar su sentimiento de inferioridad, es decir que el hecho de llevar o tener un determinado producto que está de moda, hace que aumente tu sentimiento de pertenencia a un grupo y con ello aumente tu autoestima.

Pero en realidad, ya se ha demostrado que la felicidad que proviene de los objetos no suele ser duradera.  Es decir, cuando compramos el objeto y este representa una novedad, nos sentimos felices pero conforme nos acostumbramos a su uso, esta felicidad desaparece. Obviamente, no debemos confundir la felicidad con la satisfacción que brinda el uso de un producto. El hecho de que una persona crea que pertenece a un grupo restringido o que está a la moda, no implica necesariamente que sea más feliz.


¿Es conveniente confiar en los demás?



"El secreto de mi éxito puede ser resumido en cuatro C's: Curiosidad, Confianza, Coraje y Constancia... y la más importante de todas es la Confianza."
Walt Disney

Tener capacidad de confiar es una parte relevante en la vida, y no sólo en los demás, si no en uno mismo, pero para algunas personas confiar en los demás les resulta un reto pues  son personas que generalmente se han sentido engañadas o traicionadas y han aprendido que muchas, quizás la mayoría de las personas, ocultan, exageran o mienten para evitarse incomodidades o para obtener beneficios particulares.

A día de hoy, y con los tiempos que corren cada vez nos cuesta más confiar en la gente que nos rodea, sobre todo porque en la sociedad está bien asentado la idea de que los tontos son los que se fían o los que caen en las trampas, mientras que los inteligentes, son los que desconfían o los que no se dejan fácilmente engañar. 

Sin embargo, detrás de esta creencia existe un error, ya que no es lo mismo desconfiar que no dejarse engañar, y desde luego hay una gran diferencia entre ser confiados y dejarnos engañar.

La confianza en los demás es uno de los puntos clave de la inteligencia emocional. Pues el confiar en los demás va asociado a una mayor autoconfianza. Cuando una persona no se fía de nadie  necesita cubrirse las espaldas porque está segura de que siempre va a haber alguien dispuesto a estafarlas o mentirles. Y con ello, adoptan una actitud hipervigilante y se ponen una coraza. A largo plazo, esta forma de enfrentarse a las relaciones interpersonales genera un enorme estrés y desgaste mental.

Si tú eres esa clase de persona, pregúntate: si no te fías de un amigo ¿quién te dará una perspectiva nueva ante un problema? o en tu trabajo, si no te fías de tu equipo ¿cómo lograrás que ese proyecto avance? Quizás respondiéndote a esto, podrás ver que la confianza puede aportarte más beneficios que costes.

Por otro lado, el problema radica en que cuando no confías en las personas de tu alrededor, de una forma u otra, estas lo perciben y, a su vez, no confiarán en tí. De esta manera se crea un círculo de desconfianza e individualismo que ratifica tu visión del mundo, la visión de que todos quieren aprovecharse de ti y son antipáticos.

La confianza no puede ser ciega, tenemos que saber en quién confiar y a quién dar confianza. Para ello, lo más importante es saber poner límites y no excedernos ni en la confianza que damos ni en la que depositamos en los demás.

De entrada, es preferible pensar bien de todo el mundo hasta que nos demuestren lo contrario. Sin embargo, tenemos que ser cautos y no darnos a conocer totalmente a una persona nada más conocerla. Hay que ir dando información sobre nosotros y nuestra forma de ser y pensar poco a poco, según vayamos conociendo a esa persona y, en el caso, de que nos vaya gustando y nos haga sentir cómodos con ella.

Por último es importante observar los comportamientos de los demás. Puede ser muy revelador saber cuál es el comportamiento de una persona con los demás y qué intenciones suele tener. Hay quien por costumbre tiende a fastidiar y ridiculizar. Y en este caso, no merecerá nuestra confianza.

El lado oscuro de la felicidad

"Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.”

Jean Paul Sartre



En los últimos años, si nos paseamos por cualquier librería que hable acerca del tema de la búsqueda de la felicidad, encontraremos biografía sobre la comprensión de lo que hace feliz a la gente, es decir, que singularmente parece que se centran en la maximización de las emociones positivas y minimizar las emociones negativas.  Claramente, hay beneficios al experimentar una emoción positiva y una serie de costes al sentir una emoción negativa. Por un lado, las emociones positivas hacen que aumentemos la conducta de ayudar a otros y por otro lado, las emociones negativas, sobre todo si se producen de manera crónica, son perjudiciales para su salud. 

Desde mi punto de vista, la idea de la felicidad, en la sociedad moderna, parece estar destinada a la autorrealización, las emociones positivas, el optimismo… y esto va asociado a la ética de ser emprendedor,  la autenticidad personal o con la lógica del consumo (no solo de bienes materiales, sino también del consumo de experiencias y técnicas psicológicas). Y al pensar en esto, me surge la siguiente cuestión ¿la felicidad siempre es buena?, es decir, ¿Tiene la felicidad un lado oscuro?¿existen costes potenciales en esta búsqueda?. Para responder, he analizado las siguientes cuestiones: 

¿Existe un grado equivocado de la felicidad?
En realidad, experimentar demasiada emoción positiva también puede ser perjudicial para nuestro bienestar. Es decir, que estar excesivamente felices nos hace personas que toman decisiones arriesgadas y puede que tengamos conductas menos adaptadas. Por ejemplo, los altos grados de felicidad eufórica se asocian con un aumento de las conductas de riesgo, como el consumo excesivo de alcohol. Desde la psicopatología, podremos ver como los altos grados de emocionalidad positiva y bajos de emocionalidad negativa son una de las características de los estados maníacos, entre otros. 

¿Existen momentos inadecuados para la felicidad?
Las emociones son el centro de nuestra  vida social, y como tal, representan respuestas fisiológicas y adaptación a los cambios. Viendo las emociones de esta manera, puede que nos perjudique a la hora de conseguir una felicidad continua, ya que uno puede experimentar la felicidad en momentos inadecuados.  Aquí debemos saber que las emociones negativas pueden ser adaptable en ciertas situaciones. Por ejemplo, ser feliz cuando uno debe sentir temor podría ralentizar las respuestas fisiológicas necesarias para responder a los estímulos de miedo. 

¿Existen maneras equivocadas a buscar la felicidad?
Constantemente perseguir la felicidad puede conducirnos a la decepción, cuando no se logramos las metas que nos proponemos.  Por lo tanto, las personas que siempre están tratando de buscar la felicidad, es probable que se sientan peor cuando fracasan inevitablemente a ser tan felices como les gustaría ser.  Por ejemplo, el pensar que para ser realmente felices tenemos que tener nuestro propio piso o nuestro propio coche.

¿Existen tipos de personalidad incorrectos para la felicidad?

Ciertas formas de emoción positiva pueden ser malos para nuestros resultados sociales. Por ejemplo, el tener un orgullo arrogante es una emoción positiva que se asocia con la vanidad y el narcisismo. Esta forma de orgullo está asociado con desvalorizar y comportarse de forma más agresiva con lo demás, y como tal, tiene el potencial de dar lugar a una serie de resultados negativos.

¿Somos optimistas por naturaleza?

"Convierte tu muro, en un peldaño."
 Rainer Maria Rilke

¿Somos optimistas por naturaleza? Para la neurocientífica Tali Sharot, entrevistada en este programa de Redes (TVE) por Eduard Punset, la respuesta es clara. Lo somos, y además podemos entrenar a nuestro cerebro para serlo aún más. Con ello aumentaremos nuestra resiliencia y nuestra inteligencia emocional.

Día Internacional de la felicidad



"La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días."
Benjamin Franklin

Hoy 20 de marzo se celebra  el Día Internacional de la Felicidad, una jornada reservada para intentar dejar a un lado los problemas y conflictos y centrarse en aquello que nos haga realmente felices. Este día  fue instituido el 28 de junio de 2012 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y se celebró por primera vez en 2013, por lo que  de ahora en adelante cada 20 de marzo se celebra este sentimiento esencialmente humano. Desde entonces, la felicidad se ha reconocido como el sentimiento más importante del Producto Interior Bruto, es decir, un factor para la economía y desarrollo de cualquier nación.

 El Secretario General de las Naciones Unidas, BanKi-moon pidió a los gobiernos del mundo hacer lo necesario para garantizar la felicidad en sus ciudadanos. ha publicado este sentido mensaje: "La felicidad puede tener significados diferentes para cada persona, pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que su logro implica trabajar para poner fin a los conflictos, la pobreza y otras circunstancias desafortunadas en las que viven tantos de nuestros semejantes".


¿Pero qué es realmente la felicidad? A lo largo de la historia de la humanidad numerosos filósofos y pensadores han intentado buscar una definición para este estado de ánimo. Platón consideraba la felicidad como: "Esa sensación de plenitud, paz y serenidad que nos llena de alegría interior, y nos permite disfrutar de la vida, parece ser una quimera inalcanzable para la mayoría de la gente".Por otro lado, el filosofo español Ortega y Gasset la consideraba de esta forma: "La felicidad no es posible definirla, pues esta es algo distinto en cada persona".

¿Cómo celebrar este día? Te recomiendo que hagas algo que te guste en la vida: escuchar música, disfrutar de una reunión con tus amigos, comer algo delicioso, abrazar a alguno de tus familiares, cambiar tu rutina o ver el cielo. O algo mucho más sencillo que todo eso:  puedes sonreír más de lo que sueles hacerlo

Porque no olvides que todos buscamos ser felices, de eso trata la vida... ¿no crees?

¿Por qué necesitamos relacionarnos?


"Si yo se que tú eres, y tú sabes que yo soy, quién va a saber quien soy yo cuando tu no estés."

Sabemos que los niños recién nacidos privados del contacto físico durante un largo periodo, pueden llegar a morir y también que cuando una persona se aísla por un largo tiempo de los demás, puede desarrollar mucho malestar psicológico. Por ello, el relacionarnos socialmente constituye una de las necesidades más reconfortantes desde nuestro nacimiento.

Conforme crecemos, la necesidad de afecto (el apego) se convierte nuestro principal objetivo, volviéndonos cada vez más ideosincrásicos, y esta necesidad nos lleva a buscar un reconocimiento por parte de los demás. En general, todos queremos alcanzar un determinado reconocimiento,en mayor o menor grado, el cuál tiene un valor para la supervivencia. Por ejemplo, anteriormente se le daba mayor reconocimiento social a los que se casaran a la edad adecuada y formasen una familia “respetable”;  ahora, el reconocimiento parece estar enfocado  a quien logra éxito profesional, tenga más bienes materiales o realice más viajes.
Por otro lado, esta búsqueda individual de reconocimiento,  da origen a la gran variedad en las relaciones sociales que podemos tener,  y a la vez, estas determinan en cierto grado nuestro  destino. Por ejemplo, si tu eres una persona a la que le guste hacer senderismo los fines de semana, tenderás a unirte a la gente que comparta tu misma afición, y así obtener su reconocimiento, es decir, el formar parte de ese grupo y que te avisen cuando se organice alguna excursión. 

En relación a esto, todos tendemos a se­guir patrones definidos de comportamientos sociales limitados por reglamentos implícitos.  A esto, lo llamamos “juegos sociales” y los llevamos a cabo en todas nuestras relaciones con los demás (familiares, amigos, pareja...). Es decir, cuando nos juntamos en grupo, la meta de cada integrante es obtener tantas satisfacciones como sea posible. Un ejemplo de esto sería pedirle a un amigo que te acompañe a ver una película. Por otro lado, también existen las ”satisfacciones autodestructivas” que aunque son difíciles de reconocer como una “satisfacción” en el significado que tradicionalmente conocemos, son una fuente de gran placer para muchas personas, por ejemplo, el alcohol u otras drogas, las fiestas, la criminalidad...

Dicho esto, la respuesta a la pregunta que da título al artículo, es muy sencilla, pues el contacto social, generalmente gira alrededor de un equilibrio psíquico y somático y está relacionado con los siguien­tes factores:
  1. Alivio de la tensión.
  2. Obtención de afecto.
  3. Conservación de un equilibrio estable.

¿Qué te define?



"Ponte de frente al sol y las sombras quedarán detrás de ti. "
Provervio mahorí

Lizzie Velasquez es una mujer, que a pesar de las dificultades que ha tenido que pasar a lo largo de su vida, decidió seguir adelante y conseguir sus sueños, sintiéndose orgullosa de si misma, y transformando todo lo que el resto del mundo vio como negativo, en positivo. A lo largo de su discurso, nos hace darnos cuenta de que  lo que nos decimos a nosotros mismos, es lo más importante para conseguir nuestras metas, y no la clase de amigos que tenemos o lo que los demás opinen de nosotros.



Test de autoestima


La persona más influenciable con la que hablarás todo el día eres tú. Ten cuidado entonces con lo que te dices a ti mismo.
Zig Ziglar

La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, y hacia nuestra forma de valorarnos. Incluye además, varios aspectos que se correlacionan entre sí:
  • Autoeficacia: es la confianza y convicción de que es posible alcanzar los resultados esperados
  • Autoconocimiento (dignidad):  es reconocer el valor como individuo, tener una actitud afirmativa hacia  el derecho de vivir y de ser feliz. También expresa la  comodidad de expresar apropiadamente mis deseos, y necesidades.

Aprende a cultivar emociones positivas


Todo lo que nos molesta de los demás puede llevar a que nos entendamos mejor a nosotros mismos.
 C. G. Jung


Actualmente la inteligencia emocional se basa en percibir, comprender y regular las emociones, sobre todo las negativas, pero también es importante aprender a potenciar, generar y sobre todo disfrutar de las emociones positivas. ¿Cuáles son entonces algunas de las emociones que deberíamos cultivar?

Quizás las emociones positivas más conocidas sean la alegría y la felicidad que se manifiestan en el buen humor y la risa. Ellas liberan tensiones acumuladas y nos mantienen emocionalmente estables.  La alegría intensifica la confianza y los vínculos sociales mediante el contagio de sensaciones positivas (por algo “el reírse es contagioso”). También, el encontrar el lado cómico y positivo de las circunstancias desfavorables, teniendo buen humor y optimismo, nos permite ver desafíos donde otros quizás ven dificultades.

La importancia del juego


"Los hombres no dejar de jugar porque envejecen, sino que envejecen, porque dejar de jugar."
Oliver Wendell Holmes

El juego infantil es como una actividad placentera, libre y espontánea, sin un fin determinado, y como tal se considera muy importante para el desarrollo del niño:
  • Favorece el desarrollo cognitivo: uso de habilidades cognitivas que le permiten comprender su entorno y desarrollar su creatividad y su pensamiento. 
  • Estimula su desarrollo motor: aumento del crecimiento y el desarrollo de todas las partes del cuerpo, favorece la motricidad fina y gruesa, mejora la coordinación, el equilibrio y la percepción. 
  • Facilita la comunicación y el desarrollo social: relaciones con otros niños y con adultos, aprender a dar y recibir, a ser empático, a resolver conflictos... 
  • Promueve la expresión y el control emocional: aprende a disfrutar del juego, decide la historia y los sentimientos de los personajes. Favorece la adquisición del lenguaje. 
  • Contribuye al desarrollo psicológico. Los niños aprenden a tomar decisiones, trabajar en grupo para un objetivo, afrontar retos, problemas, cambios y a tolerar frustraciones.



ETAPAS DEL JUEGO:

Las características del juego evolucionan según el niño vaya madurando en su desarrollo y por lo tanto según aumenten sus competencias y destrezas.

1. JUEGO DE EJERCICIO, DE EXPLORACIÓN (Primeros meses – 1 o 2 años) 
  • Juego motores, sin reglas, donde el niño explora el ambiente y se sorprende ante cualquier nuevo estímulo. (Chuparse el dedo o tirar un objeto al suelo repetidamente) 
  • Principalmente en esta etapa les gustan los colores, la música, las luces, el movimiento, los olores, tocar…
2. JUEGO SIMBÓLICO (2 – 6 o 7 años )
  • Exploran intencionalmente juguetes y juego sigue siendo motor. 
  • Va apareciendo el juego con otros niños, pero le sigue gustando el juego paralelo y solitario. 
  • 2-3 años: Comienza el juego simbólico. Los niños se refieren a acontecimientos u objetos no presentes. Es muy importante porque desarrolla la fantasía y la creatividad del niño. 
  • 4-5 años: Combina juegos de movimiento y juegos más tranquilos. 
  • 5-6 años: Les gustan los cuentos, los juegos colectivos, los juegos de roles en los que representan distintos papeles, dramatización. Desparece al entrar en el colegio, porque empiezan a tener más realismo y dejan de atribuir vida a los objetos inanimados.
A esta edad pueden aparecer amigos imaginarios, que posteriormente, desaparecen solos.

3. JUEGOS DE REGLAS (6 – en adelante) 
  • Juegos de mesa con un carácter social: 3 en raya, coloca 4, dominó, escondite, cuerda, goma, la diana… 
  • Juegos de construcción 
  • Entre los 10-12 años: Dramatización de experiencias fantásticas y creativas, como los juegos de rol.

Inteligencia Emocional



La inteligencia emocional (IE) es la habilidad que nos permite percibir, comprender y regular nuestras emociones y las emociones de los demás.

Hoy sabemos qué es la inteligencia emocional y no la inteligencia entendida de forma tradicional la que mejor predice el éxito futuro de una persona, y no sólo eso, sino que también predice su felicidad: las personas con alta inteligencia emocional alcanzan mayor éxito en la vida y se perciben a sí mismas como más felices que las personas con baja inteligencia emocional. El éxito profesional no depende de la inteligencia; son las variables emocionales y sociales las que marcan la diferencia. Los adultos que obtienen éxito profesional y personal en sus vidas no fueron aquellos niños con CI más elevados, o aquellos que mejores notas sacaban en el colegio, sino aquellos que mejor supieron entender a los demás, que se interesaron por las personas más que por las cosas y que construyeron redes sociales sólidas. Pero no sólo el éxito profesional viene determinado por las habilidades emocionales, también la propia satisfacción con la vida, la felicidad en términos más coloquiales, guarda relación con ellas y no con las habilidades intelectuales.

En el siguiente enlace podrás realizar un test de Inteligencia Emocional.





Afrontamiento del estrés: la resiliencia.


"La resiliencia se ha caracterizado como un conjunto de procesos sociales e intra-psíquicos que posibilitan tener una vida «sana» en un medio insano. Estos procesos se realizan a través del tiempo, dando afortunadas combinaciones entre los atributos del niño y su ambiente social y cultural."
Rutter (1992)




La resiliencia, según Rutter, es un comportamiento observado en ciertas personas que a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo se desarrollan psicológicamente sanas, resistiendo a la adversidad y siendo capaces de construir un proyecto vital positivo pese a las circunstancias difíciles. Suelen ser personas que poseen un gran equilibrio emocional frente a situaciones adversas (o estresantes) y resisten mucho mejor la presión , lo cual les permite tener un mayor control subjetivo sobre estas situaciones y poseer una mayor capacidad para afrontar los retos. Digamos que son personas que piensan y tienen el convencimiento de que van a superar los obstáculos exitósamente (a pesar de la incertidumbre) y esto hace que su conducta tenga resultados altamente positivos.

Otros autores, han investigado acerca de porque algunas personas son más resistentes a la adversidad. Uno de los autores que a mi me gusta citar es Kobasa. Este investigó la personalidad resistente desde el punto de vista psicosocial, es la disposición cognitvo-conductual que se forma en las primeras etapas de la vida a partir de experiencias ricas, variadas y reforzadas. Y está formada por tres dimensiones: compromiso (implicarse en diversas actividades) control de los diferentes acontecimientos experimentados (decisiones tomadas y habilidades de afrontamiento) y desafío (oportunidad para aprender de los retos, verlos como algo positivo). Por otro lado, Antonovsky denominó sentido de coherencia al grado de confianza acerca de la comprensibilidad y manejabilidad de las situaciones y sobre la importancia dada a la adeversidad que se nos presenta.

Todos estos conceptos que recojo, y desde mi punto de vista, no dejan de ser una serie de características comunes a la autoeficacia (Bandura) y el locus de control (Rotter), puesto que son una serie de creencias sobre uno mismo que ayudan a afrontar de manera exitosa y positiva las situaciones estresantes y ponen a la persona en un rol activo (y no pasivo, ya que puede llevar a la indefensión aprendida).

¿Y vosotros que pensáis? ¿Podemos ver todas las situaciones adversas como desafíos? 

Para más información sobre la resiliencia os recomiendo este artículo.

Libertad y felicidad




¿Haces con frecuencia aquello que te gusta?Eso con lo que verdaderamente disfrutas, un hobbie, una actividad, en solitario o compartida, pero que simplemente por practicarla ya te sientes bien.


A veces, las obligaciones diarias nos impiden hacer lo que nos gusta tanto como queremos; otras veces ni siquiera sabemos exactamente o nos hemos olvidado de qué nos gusta. Lo que es cierto es que nunca es tarde para dar con aquello que nos hace feliz. Prueba, investiga, busca un rato para ti, disfruta… te lo mereces.






Humor: reducir a lo absurdo



Una de las características más sorprendentes del sentido del humor es cuando se consigue provocar la risa a través de situaciones basadas en hechos reales pero que el humorista las lleva hasta el absurdo. El maestro de los maestros en este tipo de humor era Groucho Marx.


Es un tipo de humor muy sano porque nos hace ver las contradicciones, a veces ridículas, de la vida cotidiana y de la sociedad en que vivimos. A pesar de su agudeza intelectual, es un humor más de tipo emocional que de tipo racional: suele provocar en el cuerpo una ola de emociones arrebatadoras.


No es un humor fácil de hacer, ya que requiere una notable inteligencia y agudeza por parte del humorista, pero es un humor que lleva a las personas que lo disfrutan a un estado emocional de intensa satisfacción. En realidad, es como reírnos de nosotros mismos a nivel social. La sociedad en que vivimos es, a veces, así: pasmosamente ridícula, con situaciones que un observador neutral (de otro país, por ejemplo) fácilmente las calificaría de surrealistas.


Otra forma de transmitir este humor del absurdo, de las contradicciones sociales, es el humor gráfico. Una simple viñeta puede ser suficiente para hacernos reír cuando percibimos la absurda contradicción de la situación social que insinúa.